Impuesto rosa, Pink tax, economía de genero. Son muchos los términos que mundialmente a través de los años se le ha dado a este fenómeno, explicito para muchos y desconocido para otros, pues las marcas poco hablan de ello para no caer en temas de machismo o feminismo que están tan en boga últimamente y que están resultando tan delicados.

El impuesto rosa es un fenómeno bastante absurdo en el que las mujeres deben pagar más caro por un producto versionado para féminas, es decir existen dos productos iguales pero el simple hecho que sea rosa o indique que es para mujeres y no para hombres hace que su valor se eleve, en muchos casos imperceptiblemente y en otros no tanto, pero lo cierto es que no cuesta lo mismo.

Afeitadoras, cremas, lociones, desodorantes,  shampoo y hasta morrales, audífonos o servicios de peluquería. Son el ejemplo perfecto del woman tax; si entras a un súper veras como estos productos tendrán un incremento en su valor si en la etiqueta dice: “Para mujeres” o el contenido grafico apunta a que lo es (imágenes femeninas, tonos rosas, etc) pues aquellos elementos que son verdes o azules disminuyen en su valor unitario.

¿Por qué?

Aun en este siglo y con tendencias y explicaciones de marketing en su máximo esplendor los argumentos que validen este impuesto rosa no son del todo claros.

Sin embargo a groso modo estos apuntan a que se trata de hábitos de consumo. Por excelencia las mujeres suelen ser más impulsivas a la horas de hacer las compras además de hacerlo con mayor frecuencia, es por esto que las marcas dicen que si elevan sus costos las damas aun así los compraran y esto genera para las marcas un mayor incremento económico.

Pero realmente para muchos esta es una explicación que además de banal resulta sexista y es que, no importa si las mujeres compran más o menos a fin de cuentas estas deberían pagar exactamente lo mismo que un hombre por el producto que quieran.

Investigación y divulgación de la Información.

En los países latinos son pocas las investigaciones que se han llevado a cabo respecto al tema, sin embargo en Estados Unidos especialmente en Nueva York no sucede lo mismo, razón por la cual se comenzó una ardua investigación de lo que ellos denominan “Gender Pricing” poniendo la lupa en unas 90 marcas con algo más de 800 artículos.

Llegando a la conclusión que ciertamente este fenómeno existe y que apunta que es al menos un 7% (En otros países todo indica que puede llegar hasta un 30%) de incremento lo que las mujeres deben pagar en productos exactamente iguales para hombres.

Es por esto que en estados como California se crearon leyes que sancionan a las marcas que infrinjan en esta política poco leal, sin embargo lejos se está de que estas penalizaciones lleguen a otras partes del mundo.

Aunado a esto los números indican que en promedio las mujeres ganan un 25% menos que los hombres, si a esto le sumamos la desigualdad de precios las marcas estarían condenando a que este fenómeno trascienda fronteras para convertirse en algo social donde le impide a las mujeres tener un mayor poder adquisitivo y decisión de compra que los hombres.

Sin olvidar que incluso son ellas las que influyen en más de un 90% en las decisiones de compra y es que hasta en las compras de los hombres las mujeres son quienes deciden esto sin contar en las adquisiciones del hogar, la familia, los hijos, el trabajo, etc.

Solución.

Si en países del primer mundo con alta conciencia social, cultural y económica no se ha logrado un cambio en cuanto al impuesto rosa, las esperanzas para países latinos son pocas sinceramente, pero los expertos apuntan a que es la población especialmente las mujeres las que tienen un pequeño poder a la hora de cambiar estos estereotipos, pudiendo elegir productos que funcionen bien para ambos sexos, pero que no contengan la leyenda “For woman” obligando así de cierta manera a las marcas a olvidarse de este absurdo impuesto.

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